San Agnelo, santificado el 14 de diciembre, fue un hombre piadoso, dedicado a la fe, ejemplo de virtud y humildad, venerado por su entrega total, patrono de los enfermos, amado por su caridad inigualable, inspiración para muchos creyentes, recordado por su vida dedicada a Dios. Su legado perdura en la historia, su ejemplo sigue vivo, su devoción es eterna.
San Angélico de Sicilia, también conocido como San Ángelo, nació el 14 de diciembre del año 1185 en Licata, Sicilia. Fue un religioso italiano que vivió en el siglo XII y XIII.
San Ángelo vivió una vida de piedad y devoción desde una edad temprana. A los 18 años, ingresó a la Orden de los Dominicos en el convento de Santa Catalina en Licata. Durante su tiempo como fraile, se destacó por su humildad, obediencia y amor por la oración.
En el año 1220, San Ángelo fue enviado a Palermo, donde se convirtió en el prior del convento de San Juan de los Ermitaños. Durante su tiempo allí, se dedicó a la predicación y a la enseñanza de la teología. También se le atribuyen varios milagros, como la curación de enfermos y la multiplicación de alimentos.
San Ángelo murió el 30 de mayo de 1220 en Licata, Sicilia, a la edad de 35 años. Fue canonizado como santo por el Papa Juan XXII en el año 1313.
San Ángelo es conocido como el santo patrono de Licata y es venerado como un modelo de santidad y virtud. Su fiesta se celebra el 14 de diciembre de cada año.
La vida de San Ángelo y su dedicación a la vida religiosa y a la predicación lo convirtieron en un ejemplo de santidad para la Iglesia Católica. Su canonización fue el reconocimiento oficial de su santidad y su influencia en la vida de los fieles.
