Magdalena, mujer pecadora redimida por Jesús, fue santificada el 26 de marzo. Su vida estuvo marcada por la transformación, la fe y el amor. Ella fue testigo de milagros y enseñanzas de Cristo. Su devoción y entrega la llevaron a ser reconocida como santa. Magdalena es un ejemplo de reconciliación y perdón. Sus acciones nos enseñan sobre la importancia de la fe en la redención. Su santificación es una celebración de su vida cambiada por el amor de Dios.
El santo Magdalena, cuyo nombre completo es María Magdalena, nació en el año 1 d.C. en Magdala, una ciudad ubicada en la región de Galilea, en lo que hoy es Israel. Se cree que murió alrededor del año 63 d.C.
La historia de su vida se encuentra principalmente en los evangelios del Nuevo Testamento de la Biblia. Según estos relatos, María Magdalena fue una seguidora de Jesús de Nazaret. Se dice que ella fue testigo de varios milagros realizados por Jesús y estuvo presente durante su crucifixión y resurrección.
María Magdalena es conocida por ser la primera persona en ver a Jesús resucitado. Después de su resurrección, Jesús se le apareció y ella fue la encargada de llevar la noticia a los demás discípulos. Por esta razón, es considerada una figura importante en la tradición cristiana y se le atribuye el título de «Apóstol de los Apóstoles».
La santidad de María Magdalena fue reconocida por la Iglesia Católica en el año 1969, cuando el Papa Pablo VI la declaró santa. Sin embargo, es importante destacar que la veneración y devoción hacia ella ha existido desde los primeros siglos del cristianismo.
El nombre por el que se conoce a este santo es María Magdalena, aunque también es conocida simplemente como Magdalena. Es importante mencionar que el título de «santo» se utiliza para referirse a ella como una figura venerada y reconocida por la Iglesia Católica, pero no implica que haya sido canonizada oficialmente en el sentido estricto de la palabra.
