Quién fue José María Peris Polo
El beato José María Peris Polo fue un sacerdote y misionero español, recordado por su entrega pastoral, su humildad y su caridad. Su figura permanece vinculada a la celebración del 15 de agosto, fecha en la que se conmemora su santificación y se recuerda el testimonio de una vida orientada al servicio de Dios y de los demás.
José María Peris Polo nació el 15 de agosto de 1911 en la ciudad de Valencia, España. Desde sus primeros años, su trayectoria quedó marcada por la fe y por una profunda disposición a servir a la Iglesia. Como sacerdote, asumió la misión de anunciar el Evangelio con sencillez, cercanía y espíritu de entrega.
Su nombre completo fue José María Peris Polo, y por este nombre se le conoce en la tradición religiosa y en la memoria de quienes valoran su labor misionera. La imagen que se conserva de él es la de un sacerdote comprometido, capaz de poner sus capacidades al servicio de las personas y de las comunidades a las que fue enviado.
Una vocación dedicada a Japón
Una parte esencial de su vida estuvo dedicada a la misión en Japón, país en el que desarrolló una intensa labor pastoral y evangelizadora. Allí buscó acercarse a la realidad cultural y espiritual de la sociedad japonesa, convencido de que la misión exigía escucha, respeto y disposición para comprender a los demás.
Su trabajo no se limitó a la predicación, sino que también incluyó la creación de espacios de formación y encuentro. Entre sus iniciativas se encuentra la fundación de una escuela, concebida como un ámbito para educar, acompañar y transmitir valores humanos y cristianos.
También organizó congresos y promovió el diálogo interreligioso como camino de comprensión y convivencia. Esta dimensión de su ministerio muestra una visión abierta de la evangelización, basada en el respeto a las distintas tradiciones y en la búsqueda de aquello que puede unir a las personas.
Servicio, diálogo y testimonio cristiano
La labor del beato José María Peris Polo estuvo marcada por la constancia, la sencillez y una preocupación sincera por quienes encontraba en su camino. Su misión en Japón exigió dedicación y perseverancia, pero también una actitud humilde para aprender de la cultura y de las personas a las que servía.
Quienes lo admiran destacan especialmente su espíritu misionero, su caridad y su capacidad para vivir la fe de manera concreta. Su ejemplo se relaciona con una entrega que no buscaba protagonismo, sino acompañar a los demás y contribuir a la construcción de comunidades más fraternas.
El 10 de octubre de 1936 falleció en Valencia, la misma ciudad española en la que había nacido. Su memoria continuó vinculada a la Iglesia y a la misión, especialmente por el recuerdo de su servicio sacerdotal y de las iniciativas que impulsó durante su vida.
La celebración del 15 de agosto
Cada 15 de agosto, la Iglesia y quienes sienten devoción por él evocan su figura como la de un sacerdote entregado a la fe y al servicio misionero. Esta fecha coincide con su nacimiento y con la celebración de su santificación, convirtiéndose en una ocasión para conocer mejor su trayectoria y valorar el significado de su testimonio.
Una juventud entregada a la fe
José María Peris Polo vivió en Valencia en una época marcada por profundas transformaciones sociales y por la creciente tensión religiosa que precedió a la Guerra Civil española. Desde muy joven mostró una fe católica firme, vivida con sencillez y reflejada en su compromiso con la comunidad.
Su dedicación a la enseñanza le permitió estar cerca de otros jóvenes y transmitirles, además de conocimientos, valores humanos y cristianos. También formó parte de la Acción Católica, una organización que impulsaba la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia. Para él, la fe no era únicamente una convicción personal, sino una responsabilidad que debía expresarse mediante el servicio y el testimonio.
El martirio durante la Guerra Civil
El ambiente de persecución religiosa que se extendió durante la Guerra Civil alcanzó también a José María Peris Polo. Fue arrestado por sus creencias y por su fidelidad a la Iglesia católica. El 10 de octubre de 1936 fue ejecutado por milicianos republicanos cuando tenía 25 años.
Su muerte fue interpretada por la Iglesia como un martirio, porque no renunció a su fe para salvar la vida. No se le recuerda por haber buscado el enfrentamiento, sino por haber permanecido fiel a sus convicciones en una situación extrema. La fortaleza con la que afrontó aquel momento convirtió su vida y su muerte en un testimonio de coherencia cristiana.
El reconocimiento de la Iglesia
El proceso para estudiar su vida, su muerte y las circunstancias de su martirio comenzó en 1954. Durante décadas, la Iglesia reunió testimonios y documentación para valorar la autenticidad de su entrega. Finalmente, José María Peris Polo fue proclamado beato por el papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.
Su beatificación se produjo junto con la de otros mártires de la persecución religiosa en Valencia. Este reconocimiento no pretende exaltar la violencia, sino recordar a quienes mantuvieron su fe en medio del sufrimiento y perdonaron sin responder al odio. La figura del beato invita a contemplar la dignidad de una vida dedicada al bien y la importancia de permanecer fiel a los propios principios.
El significado del 15 de agosto
Cada 15 de agosto, quienes conservan su memoria encuentran una ocasión para acercarse a su trayectoria y renovar la devoción que le profesan. La fecha permite recordar su nacimiento y contemplar el camino de un joven valenciano que unió la enseñanza, la participación eclesial y la fidelidad a sus creencias.
La memoria de José María Peris Polo continúa transmitiendo un mensaje de esperanza, compromiso y perseverancia. Su ejemplo recuerda que la fe puede vivirse en las tareas cotidianas y que el servicio a los demás también constituye una forma profunda de testimonio cristiano.
