El 18 de abril, José fue santificado por la Iglesia. Fue un hombre humilde y sacrificado. Su fe lo llevó a ayudar a los más necesitados. Se dedicó en cuerpo y alma al servicio. Su vida inspira a muchos creyentes. Ahora es un ejemplo a seguir. Su legado perdurará por generaciones. La santidad de José es un regalo. Su devoción es un testimonio poderoso.
El santo José, cuya festividad se celebra el 18 de abril, nació en el año 1 a.C. en Belén, en la región de Judea, que en ese entonces formaba parte del Imperio Romano. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, pero se estima que falleció alrededor del año 30 d.C.
José vivió la mayor parte de su vida en Nazaret, una pequeña ciudad de Galilea. Era un humilde carpintero y estaba comprometido con María, una joven virgen. Según la tradición cristiana, José fue elegido por Dios para ser el esposo de María y el padre adoptivo de Jesús, el hijo de Dios.
La historia de la vida de José se encuentra principalmente en los evangelios de Mateo y Lucas en la Biblia. Según estos relatos, José aceptó a María como su esposa a pesar de su embarazo milagroso, confiando en la voluntad de Dios. También se le atribuye haber protegido y cuidado a María y a Jesús durante su infancia y juventud.
José es considerado santo por la Iglesia Católica debido a su papel fundamental en la vida de Jesús y su obediencia a la voluntad divina. Se le reconoce como un modelo de virtudes como la humildad, la obediencia, la fe y la paternidad responsable.
El título por el que se conoce a este santo es «San José». Además, se le atribuyen otros títulos honoríficos, como «Patrono de la Iglesia Universal» y «Patrono de los trabajadores». La Iglesia Católica también celebra el 1 de mayo como la Fiesta de San José Obrero, en honor a su oficio como carpintero.
